Traducción fragmento “Federalist No. 8: The Consequences of Hostilities Between the States” de “The Federalist Papers”

“Los industriosos hábitos de las personas del presente día, absortos en las persecusiones de la ganancia, y devotos a las mejoras de la agricultura y el comercio, son incompatibles con la condición de una nación de soldados, la cual era la verdadera condición de las personas de aquellas repúblicas (Grecas). Los medios de ingresos, los cuales han sido multiplicados en gran cantidad por el aumento del oro y la plata y de las artes de la industria, y la ciencia de las finanzas, cría de los tiempos modernos, concurriendo con los hábitos de las naciones, han producido una completa revolución en el sistema de guerra, y han dejado a los ejércitos disciplinados, distintos del cuerpo de los ciudadanos, como compañeros inseparables de frecuentes hostilidades.

Existe, también, una amplia diferencia entre los establecimientos militares en un país poco expuesto por su situación a invasiones internas, y en uno que esta frecuentemente sujeto y con aprehensiones permanentes a ellas. Los gobernantes de los primeros pueden tener un buen pretexto, si fuesen a estar inclinados a ello, para mantener en pie ejércitos tan numerosos como aquellos que por necesidad deben ser mantenidos en los segundos. Siendo estos ejércitos, en el primer caso, raramente, si acaso alguna vez, llamados a la acción para defensa interior, la gente no estaría en peligro de ser sujeta a la subordinación militar. Las leyes no están acostumbradas a relajarse en favor de exigencias militares; el estado civil permanece en completo vigor, ni corroído, ni condenado a los principios o propensidades del otro estado. Lo pequeño de la armada convierte la fuerza natural de la comunidad en algo insuperable para esta; y los ciudadanos, no acostumbrados a concurrir a la fuerza militar para su protección, o para someterse a sus opresiones, no aman ni temen a los batallones; ellos los ven con espíritu de aquiescencia celosa en un mal necesario, y se mantienen listos para resistir un poder el cual suponen puede ser utilizado en el perjuicio de sus derechos.

Un ejército bajo tales condiciones podría exitosamente ayudar al magistrado a reprimir a una pequeña fuerza, o a la ocasional turba, o insurrección; pero no será capaz de imponer cercenamientos en contra de los esfuerzos unidos del gran cuerpo de la gente.

En un país en el predicamento antes descrito, lo contrario de esto sucede. Las perpetuas amenazas del peligro obligan al gobierno a siempre estar preparado para repelerlo; sus ejércitos deben ser lo suficientemente numerosas para la defensa instantanea. La continua necesidad de sus servicios realzan la importancia del soldado, y degrada proporcionalmente la condición del ciudadano. El estado militar se eleva por sobre el civil. Los habitantes de los territorios, frecuentemente teatros de guerra, son inevitablemente sujetos a frecuentes infracciones a sus derechos, las cuales sirven para debilitar sus sentidos de esos derechos; y por grados la gente es brindada a considerar a los batallones no solo como sus protectores, sino como a sus superiores. La transición desde esta disposición a aquella que los considera como maestros, no es ni remota ni difícil; pero sí es muy difícil prevalecer ante la gente bajo tales impresiones, para conformar una fuerte o efectiva resistencia a las usurpaciones apoyadas por el poder militar.”

tl;dr? #South America needs guns. Estoy cansado de tenerle miedo a las fuerzas armadas de mi propio país. Chao por ahora.

Polaco

 

Original:

The industrious habits of the people of the present day, absorbed in the pursuits of gain, and devoted to the improvements of agriculture and commerce, are incompatible with the condition of a nation of soldiers, which was the true condition of the people of those republics. The means of revenue, which have been so greatly multiplied by the increase of gold and silver and of the arts of industry, and the science of finance, which is the offspring of modern times, concurring with the habits of nations, have produced an entire revolution in the system of war, and have rendered disciplined armies, distinct from the body of the citizens, the inseparable companions of frequent hostility.

There is a wide difference, also, between military establishments in a country seldom exposed by its situation to internal invasions, and in one which is often subject to them, and always apprehensive of them. The rulers of the former can have a good pretext, if they are even so inclined, to keep on foot armies so numerous as must of necessity be maintained in the latter. These armies being, in the first case, rarely, if at all, called into activity for interior defense, the people are in no danger of being broken to military subordination. The laws are not accustomed to relaxations, in favor of military exigencies; the civil state remains in full vigor, neither corrupted, nor confounded with the principles or propensities of the other state. The smallness of the army renders the natural strength of the community an over-match for it; and the citizens, not habituated to look up to the military power for protection, or to submit to its oppressions, neither love nor fear the soldiery; they view them with a spirit of jealous acquiescence in a necessary evil, and stand ready to resist a power which they suppose may be exerted to the prejudice of their rights. The army under such circumstances may usefully aid the magistrate to suppress a small faction, or an occasional mob, or insurrection; but it will be unable to enforce encroachments against the united efforts of the great body of the people.

In a country in the predicament last described, the contrary of all this happens. The perpetual menacings of danger oblige the government to be always prepared to repel it; its armies must be numerous enough for instant defense. The continual necessity for their services enhances the importance of the soldier, and proportionably degrades the condition of the citizen. The military state becomes elevated above the civil. The inhabitants of territories, often the theatre of war, are unavoidably subjected to frequent infringements on their rights, which serve to weaken their sense of those rights; and by degrees the people are brought to consider the soldiery not only as their protectors, but as their superiors. The transition from this disposition to that of considering them masters, is neither remote nor difficult; but it is very difficult to prevail upon a people under such impressions, to make a bold or effectual resistance to usurpations supported by the military power.

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