Reading the confederate papers

So I read the papers. Mister Hamilton and friends could be…

I want to say “fathers” to not sound pretentious. I really want to say “me,” but I’d rather save the self-loathing comparisons usually bring about after deliberating.

So, maybe you should read it.

Oh wait. All of the two people I’ve told about this place can mostly not read English. Oh well. You could just google translate it. Oh wait, you may not be able to read these instructions. Here’s the real question: Should I make a gift? Is there such a thing as an innocent gift? The answer is contextual. Let’s move on to the real post.

En función del odio II

Título alternativo: Compensando la falta de lazos reales con comportamientos orientados a suscitar el odio.

A todos nos ha pasado: La soledad, perceptual o real, nos lleva a buscar el amor fraternal en personas nuevas, semi desconocidas. Digamos por ejemplo que un huracán azotó tu ciudad, dejando a miles muertos y desaparecidos. Entre los fallecidos se encontraba tu grupo de amistades de la niñez, por lo que ahora, después de participar en el arduo proceso de reconstrucción de la normalidad, te encuentras sentimentalmente necesitado de un hombro. Eres hijo único, tíos no tienes, tus padres y abuelos están muertos, estas solo en el mundo. Tu sexo sin embargo no funciona bien, así que el romance no es de tu interés. Lo único que importa es crear un lazo de algún tipo con alguien. Entonces recurres a las personas que tienes más cerca: tus colegas del trabajo, por ejemplo.

Querer crear una relación es normal, de cualquier modo. No necesitas tener una historia así de trágica para querer tener algún confidente, o simplemente querer depositarte en alguien que parezca ser válido. El problema esta en la reciprocidad del asunto. Pareciese ser que la probabilidad de que una relación funcione es directamente proporcional a cuanto lo necesiten ambas partes. Entonces, qué hacer si una pilluela es igual de adicta a vivir que ti. Bueno, no mucho. El humano vende. Pero no siempre ha sido así.

Desde tiempos remotos, nuestros ancestros prosperaban en arduas condiciones. Luego cayó un meteorito y mató a los malitos dinosauritos que comían animalitos tiernos. Las condiciones empeoraron aún más. Y el mamífero que sobrevivió había trabajado lo suficiente para costearse refugios subterráneos, de modo que realmente el instinto de ahorro es lo que nos permitió evolucionar y deslizarnos fuera del pozo de brea.

Esta es la verdad: este blog queda para otro día.

polaco
19 nov 19

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